Bebe, Hijos
Viajar en avión con un bebé: Llegar al avión
Según los pediatras, un bebé sano puede viajar en avión a partir de las 3 ó 4 semanas de vida. También afirman que el avión no les afecta negativamente en nada. Ni el cambio de presión, ni la altura, ni nada de lo que conlleva el avión les afecta. Sin embargo, hay muchos padres que le tienen un poco de respeto a volar con el bebé.
Sabiendo que, en lo que a salud se refiere, el avión no afecta a nuestro bebé, si tenemos en mente lo que tenemos que preparar y cómo tenemos que actuar en algunas de las circunstancias más complicadas que se nos pueden presentar en el vuelo, no tendríamos que tener ningún reparo a la hora de hacer un viaje en avión con nuestro pequeño.
Es importante, llevar el menor número de bultos posible como equipaje de mano, pero sí tenemos que asegurarnos de llevar con nosotras todo lo posiblemente necesario. Al preparar el equipaje de mano tenemos que tener en cuenta que al tiempo de vuelo hay que sumarle el tiempo que tomamos desde que salimos de casa hasta que llegamos al hotel o casa donde vayamos en nuestro destino. Digo esto porque es necesario pensar en lo que el bebé va a necesitar durante todas esas horas.
Tenemos que prever, por ejemplo, si el bebé va a tener que hacer alguna comida en ese tiempo, lo más cómodo es llevársela de casa. Sea leche, purés, frutas o lo que sea, es mejor no arriesgarse a comprarla después, porque puede ser que no encontremos dónde comprar. Y siempre es mejor asegurarse y llevar alguna comida de más por si el avión se retrasa y tardamos en llegar a nuestro destino más de lo que calculamos.
También es importante prever el número de pañales que puede necesitar, llevar un cambio de ropa por si hay algún accidente con el pañal o por si vomita. Llevarle bien abrigado por si el aire acondicionado del avión o del aeropuerto está muy alto, pero a su vez con abrigo cómodo de quitar por si ocurre justo lo contrario con la temperatura. Lo más sencillo es llevarles en pijamita de manga y pierna larga y una mantita para envolverles si hace frío. Pensar en los chupetes, biberones, para los que en el avión nos dan agua caliente sin problema, algún juguetito con el que se entretengan y si damos pecho, camiseta y ropa interior cómoda para poder hacerlo fácilmente.
Cuando volamos con un bebé tenemos algunas facilidades en los aeropuertos, depende con la compañía con la que volemos tenemos más o menos, pero generalmente nos harán el proceso más fácil. Tenemos que llevar al bebé en su sillita de paseo, o en su maxicosi. Cuando hacemos el check-in, además de darnos las etiquetas para las maletas que facturemos, le pondrán a la sillita su etiqueta, o sus etiquetas, dependiendo de si es de una o dos piezas y nos dejarán llevarla hasta el avión o hasta la puerta de embarque. Si no facturamos maletas y vamos directamente a la puerta de embarque, será ahí donde nos coloquen la etiqueta de la sillita.
Asi que por el aeropuerto podremos llevar al bebé sentado en su sillita, incluso ésta nos servirá para colgar algún bolso y así ir más cómodos.
Para pasar el control de seguridad con un bebé hay que armarse de paciencia. Lo primero sacar todo lo que sea líquido o comida para el bebé, ya que esto tiene que ir en una bandeja aparte y quizás te hagan probar algún potito, o puré que lleves para darle en el avión. Si llevamos algún medicamento en el bolso tenemos que asegurarnos de que llevamos la receta que indique que el bebé lo necesita, o si es un medicamento sin receta, nos tenemos que asegurar que si es líquido, el recipiente no supere los 100ml, ya que si supera esta cantidad, sin receta, no nos lo dejarán pasar.
Lo normal es que nos hagan coger al bebé en brazos y plegar la sillita para pasarla por los rayos x. Algunos nos hacen coger al bebé y pasan la sillita montada por una puertita lateral, y pocos nos dejarán pasar al bebé montado en su silla. Asi que, lo más seguro es que tengamos que dar el bebé a alguien para que nos lo sujete mientras plegamos la sillita o bien que alguien la pliegue por nosotros. Pero que en éste punto necesitaremos ayuda es seguro. Si viajamos solas con el bebé, el personal de seguridad suele tener la amabilidad de ofrecerse para sujetar el bebé, pero es más cómodo viajar acompañada. Sabiendo que en el control de seguridad nos podemos retrasar, es bueno llegar al aeropuerto con tiempo para ir con la mayor calma y paciencia posible.
Tras el control nos dirigimos a la puerta de embarque. Aquí podremos embarcar los primeros, ya que viajando con bebés y niños tenemos prioridad de embarque. Esto nos permite tener más tiempo dentro del avión para colocarnos bien y colocar todos nuestros bártulos. En la puerta nos colocarán la etiqueta de la sillita, si no lo han hecho ya en el check-in, y nos indicarán si podemos llevarla hasta la puerta del avión, lo cual es lo más habitual.
Así que seguimos cómodas con el bebé sentado en su silla. Algunas compañías low cost se situan en lugares donde no tienen ascensor para acceder al avión si éste está una planta más abajo, o en la pista, en este caso alguien nos tendrá que ayudar a bajar las escaleras con la sillita. Pero lo normal es que si hay que bajar alguna planta haya ascensor.
En la puerta del avión, o a pie de avión, si éste está en pista, tendremos que plegar la silla y dejarla ahí para que la lleven a la bodega y a partir de ahí tenemos que tener al bebé en brazos.
Lo más probable es que una vez lleguemos a destino tengamos que recoger la sillita en la misma cinta que el equipaje. Pero, por si acaso, no está demás preguntar al que nos recibe en el avión si en destino nos devuelven la sillita en la puerta según bajamos del avión. Esto es mucho más cómodo, ya que así no tenemos que andar con el bebé en brazos hasta la cinta de equipajes, pero lo normal es que lo tengamos que hacer.
Y así, pasamos con éxito todo el proceso hasta llegar al avión…
Padres, Ser Padres
¿Es un buen momento para ser padres?
Esta es una pregunta que nos hacemos muchos antes de tener el primer hijo.
Sea porque nos hemos quedado embarazadas sin buscarlo o que estamos pensando en buscar un embarazo, es difícil estar seguros de si es un buen momento para ser padres.
Puede ser que estemos en un momento muy bueno de nuestras vidas.
Que como pareja estemos muy felices y disfrutando un montón haciendo planes de pareja sin horarios ni responsabilidades.
O que a nivel profesional estemos en un execelente momento de crecimiento, o estableciéndonos por fin, o que ahora empiece a dar frutos algo que hayamos creado.
En cualquiera de estos casos no es fácil decir, ¨venga, tenemos un hijo y cambiamos nuestras vidas¨ o ¨complicamos¨ nuestras vidas. Tal vez nos apetezca más disfrutar de un momento tan bueno o aprovecharlo al máximo y sacarle jugo ya que no sabemos hasta cuándo va a durar.
Pero también puede ser que estemos en un momento no tan bueno.
Puede ser que estemos sin trabajo, económicamente inestables, o con un trabajo que no nos satisface o que nos encontremos en proceso de lucha con el fin de mejorarlo.
Quizás personalmente tampoco estemos en un buen momento, no estamos seguros de querer seguir con nuestra pareja, o estamos atravesando una mala racha por cosas que han podido pasar a nivel familiar.
En estos casos tampoco estamos seguros de que sea bueno tener un hijo porque nos preocupa el futuro que le vamos a dar, el no tener dinero para suplir sus necesidades o sus caprichos, nos preocupa no estar suficientemente fuertes o estables para darle a nuestro hijo la estabilidad que necesita.
También ocurre a veces que no nos sentimos maduros como para afrontar una responsabilidad tan grande. Que sintamos que aún somos muy infantiles o que cómo vamos a organizar la vida de nuestro hijo, si no somos capaces ni de organizar la nuestra.
Sea como fuere, está claro que no es una decisión fácil de tomar.
Hay parejas que tienen la suerte de tenerlo muy claro. Parejas en las que los dos sienten que ha llegado el momento, sienten una llamada a la paternidad o esa necesidad de ir más allá y tener un hijo al que cuidar , educar y mimar. Parejas que se encuentran con la sorpresa de que van a tener un hijo e inmediatamente lo aceptan y están seguros de que si ha venido es para bien.
Sí no tenemos la suerte de tenerlo tan claro, creo que hay ciertos puntos importantes en los que nos tenemos que detener a pensar y valorar.
Lo primero, tenemos que tener claro que casi nunca es un buen momento para comenzar a ser padres. Por lo que he explicado antes, hay muchas circunstancias de nuestras vidas que nos pueden hacer dudar. Así que éste punto es mejor dejarlo un poquito de lado, porque si esperamos a que sea el momento idóneo, quizás se nos haga tarde.
Creo que tampoco deberíamos dejarnos llevar por la presión, el hecho de que nuestros amigos ya tengan hijos o que nos estemos acercando a una edad complicada tampoco tendría que influir mucho en la decisión. Está claro que si nos estamos haciendo mayores, sí que nos tenemos que decidir antes, sobre todo si tenemos claro que queremos ser madres, pero tenemos que tomar la decisión sin presionarnos demasiado.
Tampoco es bueno decidir tener un hijo para intentar arreglar un problema en la pareja, o para intentar retener a la persona que queremos. Ésto, generalmente, tarde o temprano, no termina bien. Resolvamos antes el problema en la pareja, o aceptemos que quizás esa persona no es la adecuada para compartir nuestras vidas, antes de traer un hijo al mundo y embarcarnos en un proyecto tan importante juntos.
Lo importante es ser conscientes de que tener un hijo conlleva sacrificio, pero que lo que vamos a recibir a cambio es infinitamente mayor.
El problema de la madurez se resuelve en cuanto asumimos nuestra responsabilidad como padres. El no saber cómo hacerlo se resuelve buscando todo tipo de información en libros, en consejos de familiares o amigos, siempre sabiendo que si lo hacemos con ganas y responsabilidad, lo más seguro es que lo hagamos bien.
El problema de no tener la capacidad material para darle lo que necesite se resuelve siendo conscientes de que los hijos no necesitan tantas cosas materiales sino amor, paciencia, dedicación, juegos o simplemente la presencia de sus padres acompañándoles en el camino.
Lo que más necesita un hijo, aparte de esto, es ver y sentir a sus padres felices. Ese es el mayor y más importante regalo que le podemos hacer. Con eso le estaremos abriendo las puertas a un mundo complicado, pero dándole la herramienta más potente que es la buena actitud ante la vida, ante los buenos momentos y ante los malos.
Solo nosotros podemos tomar la decisión de ser padres o no. Y creo que si la tomamos sin dejarnos llevar por los miedos, acertaremos.
