El Post Parto, Embarazo, Ser Mamá
¡¡Socorro!! ¡¡Mi pelo!!
Si has sido madre hace unos pocos meses, seguramente estarás padeciendo uno de los temibles efectos secundarios del embarazo como es la caída del pelo.
La sensación es casi como una de película de terror, ya que casi constantemente tienes una sensación escalofriante de algo que te está rozando…a la altura del cuello, o por los brazos, o lo notas en la cara o en las manos…y cuando te quieres dar cuenta resultan ser pelos que se te van cayendo.
Temes el momento del cepillado, o de la ducha cuando te pasas la mano por la cabeza y se te queda pegada entre los dedos una considerable cantidad de cabello, o te los encuentras por la ropa, la almohada…te sientes perseguida y acabas pensando que ¡la caída no va a terminar nunca! ¡¡Socorro!!
Pero tranquilicémonos, no nos alarmemos, ya que esto es algo normal que nos pasa a casi todas las mamás y, que yo sepa, ninguna nos hemos quedado calvas.
Hay diferentes teorías que explican este proceso. La más repetida responsabiliza al desarreglo hormonal que se produce en el embarazo. Parece ser que la caída normal del pelo se detiene cuando estamos embarazadas y en el momento que damos a luz se reinicia este proceso natural y esto hace que a partir del tercer mes aproximadamente se caiga toda la cantidad que no se había caído durante el embarazo.
Otra teoría, menos fiable, explica que es porque durante el embarazo nos crece pelo en lugares donde no nos tendría que crecer como en las patillas o en la nuca y que después es este cabello que tenemos de más el que se nos cae.
También hay quien lo achaca al debilitamiento físico que sufrimos por el estrés del parto, el dormir mal con un bebé recién nacido, la lactancia materna, al parecer esto hace que nuestros niveles de vitaminas, minerales o aminoácidos bajen y por eso se nos debilitan las células capilares y la uñas.
Aunque yo añadiría otra teoría. Asumámoslo, en los primeros meses tras dar a luz nuestro aseo personal baja un poquito en cuestión de frecuencia. Vamos, que no nos lavamos el pelo tanto como antes, ni nos lo peinamos tanto, ni mucho menos vamos tanto a la peluquería. Por cansancio, pereza o más probablemente por falta de tiempo, el tema de arreglarnos pasa durante unos meses a un segundo plano. Y claro, de lavarlo y cepillarlo menos, el cabello se enreda más y a la hora de lavárnoslo se nos parte y se nos cae en la ducha, llegando en ocasiones a ¡taponar el sumidero del agua!
Y a esto hay que añadirle el hecho de que casi todo el tiempo lo llevamos recogido, porque a ver quién es la valiente de estar con un bebé de 3, 4, 5 meses con el pelo suelto. ¡Hay que ver la manía que tienen de tirarnos del pelo! ¿Cuántas veces hemos tenido que desenredarle un pelo nuestro de entre sus pequeños deditos justo instantes antes de que se meta su manita en la boca? Seguramente muchas, porque cuando nos tiran o se nos agarran del pelo, resulta que ¡se quedan con el mechón!
A mí se me agravó un poco el asunto ya que mi primer hijo cogió la costumbre de dormirse en mis brazos arrancándome pelitos, uno por uno, hasta que se quedaba dormido. Me los escogía delicadamente de la parte delantera, del borde de la frente, uno a uno, y por supuesto yo, agotada, aguantaba lo que sea con tal de que se durmiera… ahora me acuerdo y no puedo evitar reírme, aunque en esos momentos ¡no os imagináis lo molesto que era!
Leí una vez que a los bebés les encanta agarrarnos del pelo porque vienen programados como los monitos. ¿Habéis visto alguna vez a un monito recién nacido? Resulta que nacen con un reflejo que les hace agarrarse a la cabellera de sus mamás mono y así es como éstas los llevan de un lado a otro. La fuerza con la que se agarran al pelo es tremenda, ya puede la mamá trepar por troncos, saltar de árbol a árbol o hacer cualquier tipo de movimiento brusco, que ahí está el monito bebé completamente enganchado con sus manitas al pelo de su mamá.
En fin, no sé cuál será la teoría acertada, quizás la más acertada sea la que explica la caída del cabello debido al desarreglo hormonal, aunque puede ser que haya un poquito de verdad en cada una de ellas, pero lo que deberíamos de tener claro es lo que está en nuestra mano para suavizarla un poco o para intentar detenerla lo antes posible.
No hay mucho que hacer, pero hay algunos truquitos que nos pueden ayudar..
Lo primero intentar tener la mejor alimentación que podamos para estar fuertes y sanas a la hora de enfrentarnos a estos debilitamientos físicos. Comer fruta, verdura, carne, pescado, huevos y evitar fritos, azúcar, alcohol o tabaco.
Lo segundo tratar de cepillarnos y desenredarnos pelo delicadamente por lo menos una vez al día y sobre todo antes de meternos en la ducha para lavarlo, así conseguiremos que no se nos moje estando enredado o con nudos y evitaremos que se parta.
Lo ideal es utilizar una buena mascarilla hidratante después del champú para ayudarnos al peinado de después y se quede más suelto y suave.
También cuando nos lo recojamos intentar hacerlo con una pinza en lugar de con una goma elástica, ya que ésta última también nos puede partir pelos cuando nos la quitamos.
Y bueno, solo nos queda tener paciencia y, si bien es difícil que el pelo se nos quede exactamente igual que antes del embarazo, lo más probable es que la caída cese en unos pocos meses, y se nos fortalezca hasta olvidarnos del mal trago que pasamos. Lo normal es que al año de dar a luz volvamos a tener el pelo casi como antes, así que tranquila que ya te queda menos.
Hasta la próxima.






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