Hijos, Los Hijos
Poner límites
Cuando el bebé viene al mundo llega lleno de inocencia y con casi ninguna información del exterior. A medida que van pasando los días va recibiendo todo tipo de estímulos sensoriales que le van dibujando la realidad que tiene a su alrededor.
Los sonidos, los olores, cómo le tocan, lo que poco a poco va viendo con sus ojitos, todos estos estímulos hacen que vaya reconociendo dónde está, con quién está y se vaya haciendo una idea del mundo exterior.
Cuando crece un poco más y reconoce quién es y dónde está es cuando llega la etapa de la extrema curiosidad. Todo le llama la atención, todo lo mira, lo huele, lo escucha…está ansioso por aprender y conocer todo y todos los que le rodean.
Esto está intrínseco en nuestra naturaleza, esa curiosidad innata y esas ganas de aprender son las que nos hacen crecer y convertirnos en lo que somos.
Cuando nuestro hijo deja de ser un bebé totalmente dependiente, pasa a ser un niño con cada vez más independencia, y es cuando empieza a gatear o a caminar o a moverse solo…y ahí es cuando entran en juego los límites.
Él va a continuar teniendo curiosidad por todo, y somos nosotros los que les tenemos que decir o mostrar hasta dónde, cómo, por dónde…
Es un trabajo duro porque ellos nos piden los límites constantemente. Pero claro, no lo saben. Ojalá nos preguntaran ¨mamá, ¿esto lo puedo tocar?¨o ¨mamá, ¿está bien que llore un poco si siento algo que no me gusta?¨
En realidad sí que nos lo preguntan, pero a su manera. ¿Y cuál es su manera? Pues su manera es simplemente haciéndolo, haciendo todo lo que les sale y esperar a que nosotros digamos STOP.
Esto quiere decir que deberíamos estar constantemente alerta y cuando veamos que se acerca al límite, entonces detenerle.
No es bueno decirle a todo que no, esto puede provocar que no tome en serio nuestro ¨no¨ o que al ver frustrada su curiosidad innata, se rebele con su conducta.
En lugar de no dejarle hacer o expresar nada, es preferible estar ahí para cuando llegue a la ¨raya¨, y entonces detenerle.
No es fácil saber marcarle los límites, ni es fácil saber cuáles son. Cada una de nosotras tenemos una manera particular y personal de ver la vida. Según cómo nos hayan criado, si han sido muy o poco estrictos con nosotras o según las experiencias que hayamos tenido que nos hayan hecho más o menos miedosas… o por lo que sea que haya ido formando nuestra personalidad, cada una tenemos marcados los límites en un sitio u otro. Después de mirarnos y valorarnos, si estamos seguras de hasta dónde queremos que llegue nuestro hijo en las cosas que hace, entonces se lo marcaremos con firmeza y seguridad y sin influirnos lo que nos digan los demás.
Por ejemplo, nuestro hijo empieza a abrir los cajones de la cocina. Hay madres que inmediatamente diremos ¨eso no se hace¨, otras que esperaremos a detenerlo cuando abra en los que están las cosas peligrosas, otras que no le diremos nada y si saca un vaso de cristal y lo tira al suelo entonces nos enfadaremos… Ninguna de estas opciones es la correcta o la errónea. Una reacción es más estricta, otra le da más libertad para explorar… lo que sí es correcto es que hagamos lo que hagamos, lo hagamos con la firme convicción de que lo estamos haciendo bien y de que es eso lo que queremos enseñarle a nuestro hijo. Así él no verá brechas en nuestras palabras o en nuestro tono y tendrá claro el límite que le hemos marcado.
Y quizás lo vuelva a repetir en varias ocasiones para comprobar nuestra reacción o para ver si la variamos, pero al estar firmemente convencidas del límite que le hemos puesto volveremos a repetir reacción hasta que le haya quedado claro y ya no le interese investigar más.
El tema de ponerles límites es bastante amplio y hablaremos de ello más detenidamente, pero saquemos de este post dos conclusiones. Una, que casi nada es del todo correcto o del todo incorrecto, hay tantas opciones como madres, así que vale con estar seguras de lo que estamos haciendo. Y la otra es, que al estar convencidas de hacerlo según nuestra manera de ser y de pensar, entonces tendremos la firmeza necesaria para favorecer que nuestros hijos nos obedezcan y aprendan a ir por el camino correcto en cada cosa que exploren.
No es nada fácil estar segura de estar haciéndolo bien y siempre nos entran dudas, sobre todo cuando vemos que no conseguimos los resultados que buscamos. Hablaremos de ésto también.




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