Padres, Ser Padres
¿Es un buen momento para ser padres?
Esta es una pregunta que nos hacemos muchos antes de tener el primer hijo.
Sea porque nos hemos quedado embarazadas sin buscarlo o que estamos pensando en buscar un embarazo, es difícil estar seguros de si es un buen momento para ser padres.
Puede ser que estemos en un momento muy bueno de nuestras vidas.
Que como pareja estemos muy felices y disfrutando un montón haciendo planes de pareja sin horarios ni responsabilidades.
O que a nivel profesional estemos en un execelente momento de crecimiento, o estableciéndonos por fin, o que ahora empiece a dar frutos algo que hayamos creado.
En cualquiera de estos casos no es fácil decir, ¨venga, tenemos un hijo y cambiamos nuestras vidas¨ o ¨complicamos¨ nuestras vidas. Tal vez nos apetezca más disfrutar de un momento tan bueno o aprovecharlo al máximo y sacarle jugo ya que no sabemos hasta cuándo va a durar.
Pero también puede ser que estemos en un momento no tan bueno.
Puede ser que estemos sin trabajo, económicamente inestables, o con un trabajo que no nos satisface o que nos encontremos en proceso de lucha con el fin de mejorarlo.
Quizás personalmente tampoco estemos en un buen momento, no estamos seguros de querer seguir con nuestra pareja, o estamos atravesando una mala racha por cosas que han podido pasar a nivel familiar.
En estos casos tampoco estamos seguros de que sea bueno tener un hijo porque nos preocupa el futuro que le vamos a dar, el no tener dinero para suplir sus necesidades o sus caprichos, nos preocupa no estar suficientemente fuertes o estables para darle a nuestro hijo la estabilidad que necesita.
También ocurre a veces que no nos sentimos maduros como para afrontar una responsabilidad tan grande. Que sintamos que aún somos muy infantiles o que cómo vamos a organizar la vida de nuestro hijo, si no somos capaces ni de organizar la nuestra.
Sea como fuere, está claro que no es una decisión fácil de tomar.
Hay parejas que tienen la suerte de tenerlo muy claro. Parejas en las que los dos sienten que ha llegado el momento, sienten una llamada a la paternidad o esa necesidad de ir más allá y tener un hijo al que cuidar , educar y mimar. Parejas que se encuentran con la sorpresa de que van a tener un hijo e inmediatamente lo aceptan y están seguros de que si ha venido es para bien.
Sí no tenemos la suerte de tenerlo tan claro, creo que hay ciertos puntos importantes en los que nos tenemos que detener a pensar y valorar.
Lo primero, tenemos que tener claro que casi nunca es un buen momento para comenzar a ser padres. Por lo que he explicado antes, hay muchas circunstancias de nuestras vidas que nos pueden hacer dudar. Así que éste punto es mejor dejarlo un poquito de lado, porque si esperamos a que sea el momento idóneo, quizás se nos haga tarde.
Creo que tampoco deberíamos dejarnos llevar por la presión, el hecho de que nuestros amigos ya tengan hijos o que nos estemos acercando a una edad complicada tampoco tendría que influir mucho en la decisión. Está claro que si nos estamos haciendo mayores, sí que nos tenemos que decidir antes, sobre todo si tenemos claro que queremos ser madres, pero tenemos que tomar la decisión sin presionarnos demasiado.
Tampoco es bueno decidir tener un hijo para intentar arreglar un problema en la pareja, o para intentar retener a la persona que queremos. Ésto, generalmente, tarde o temprano, no termina bien. Resolvamos antes el problema en la pareja, o aceptemos que quizás esa persona no es la adecuada para compartir nuestras vidas, antes de traer un hijo al mundo y embarcarnos en un proyecto tan importante juntos.
Lo importante es ser conscientes de que tener un hijo conlleva sacrificio, pero que lo que vamos a recibir a cambio es infinitamente mayor.
El problema de la madurez se resuelve en cuanto asumimos nuestra responsabilidad como padres. El no saber cómo hacerlo se resuelve buscando todo tipo de información en libros, en consejos de familiares o amigos, siempre sabiendo que si lo hacemos con ganas y responsabilidad, lo más seguro es que lo hagamos bien.
El problema de no tener la capacidad material para darle lo que necesite se resuelve siendo conscientes de que los hijos no necesitan tantas cosas materiales sino amor, paciencia, dedicación, juegos o simplemente la presencia de sus padres acompañándoles en el camino.
Lo que más necesita un hijo, aparte de esto, es ver y sentir a sus padres felices. Ese es el mayor y más importante regalo que le podemos hacer. Con eso le estaremos abriendo las puertas a un mundo complicado, pero dándole la herramienta más potente que es la buena actitud ante la vida, ante los buenos momentos y ante los malos.
Solo nosotros podemos tomar la decisión de ser padres o no. Y creo que si la tomamos sin dejarnos llevar por los miedos, acertaremos.




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