Embarazo, Mimos@s Expert@s
¿Cómo afecta el embarazo a tu suelo pélvico?
Uno de los acontecimientos más importantes en la vida de una mujer es el embarazo. El embarazo es el acontecimiento en el que se producirán las mayores transformaciones, tanto físicas como emocionales, en la vida de una mujer. Algunas de estas modificaciones que la futura mamá experimentará en su cuerpo serán más visibles que otras.
Uno de estos cambios “menos visibles” es la repercusión que tiene el embarazo sobre el periné. Durante todo el tiempo que dura el embarazo los músculos del suelo pélvico están sometidos a un aumento de presión bastante superior al habitual y de manera constante, es decir las 24h del día, día tras día, semana tras semana. El aumento de volumen de la madre (aumento de peso, aumento del volumen sanguíneo, líquido amniótico, placenta, bebé…) y el aumento de producción de las hormonas que se segregan durante el embarazo, como la relaxina y progesterona, hacen que la región perineal y abdominal se relajen demasiado. El abdomen se va distendiendo y debilitando, aumentando así todavía más la presión que sufre el suelo pélvico.
Es por esto que muchas veces, y sobre todo a partir del último trimestre del embarazo, pueden aparecer episodios de incontinencia urinaria de esfuerzo, es decir, escapes involuntarios de orina durante el esfuerzo debido al aumento de presión intraabdominal que produce el mismo, como en una tos, una risa, un estornudo… Las pérdidas de orina ante un esfuerzo pueden persistir tras el parto, pero tanto durante el embarazo como en el postparto se pueden prevenir y tratar. Lo que debemos tener muy en cuenta es que, aunque las pérdidas sean muy pequeñas, nunca deberemos pasarlas por alto. Los escapes de orina al esfuerzo no desaparecen solos, el suelo pélvico no tiene la facultad de recuperarse por sí mismo, suelen empeorar con el paso del tiempo y el parto es un factor de riesgo importante. Si estás embarazada y ya has padecido algún escape de orina, consulta a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico, te informará, valorará y asesorará sobre el estado de tu periné y cómo mejorar los síntomas si ya existen o cómo prevenirlos.
¿Qué sucede si tengo un suelo pélvico débil?
El suelo pélvico, su estructura, localización y funciones, es bastante desconocido por la mayoría de las mujeres. Hasta no hace mucho incluso era “tabú” hablar de él. Hoy en día las mujeres desconocen la importancia del cuidado de su suelo pélvico y los problemas que pueden sufrir a ese nivel. Muchas de las mujeres que ya padecen disfunciones perineales las consideran “normales” por haber parido o por la edad, otras no le dan importancia y otras, la gran mayoría, se resignan a padecerlas por desconocer que existe solución.
La debilidad del suelo pélvico puede provocar distintos tipos de disfunciones perineales; No sólo la pérdida involuntaria de orina es síntoma de debilidad del suelo pélvico, si no también el estreñimiento, los prolapsos genitales, los dolores en las relaciones sexuales…
Entre los factores de riesgo que provocan debilidad del suelo pélvico, los factores estrella son el embarazo y el parto, seguidos del aumento de presión intraabdominal que provoca el ejercicio físico, sobre todo los deportes de impacto, y de la menopausia.
Por esta razón, es de suma importancia que durante el embarazo trabajes tu periné para evitar futuras disfunciones (pérdidas de orina, prolapsos, estreñimiento, disfunciones sexuales…). Además, un suelo pélvico bien tonificado te ayudará a:
- Facilitar la salida de tu bebé en el expulsivo y reducir el tiempo de la fase del mismo.
- Tener un parto con menor probabilidad de complicaciones (episiotomía, desgarros, parto instrumentado,…).
- Mejorar la vascularización de la zona perineal, lo que favorecerá la regeneración de la misma tras el parto.
No sé por dónde empezar.
En primer lugar, lo ideal es que acudas a un fisioterapeuta especialista en suelo pélvico. No esperes al final de tu embarazo para hacerlo, acude a este profesional cuanto antes y te ayudará a:
- Conocer y localizar los músculos de tu suelo pélvico.
- Tonificar la musculatura perineal para evitar las pérdidas de orina durante el embarazo y ésta y otras disfunciones después del parto.
- Valorar tu musculatura abdominal para enseñarte a identificar y activar tu transverso del abdomen y evitar así que se desprograme en exceso previniendo la temida diástasis de rectos en el postparto y favoreciendo la coactivación del abdomen y del suelo pélvico.
- Movilizar tu pelvis para favorecer su libertad de movimiento durante el embarazo y la biomecánica del parto.
- Elastificar tus músculos perineales enseñándote y aplicándote el masaje perineal.
- Mantener una postura correcta para que tu suelo pélvico sufra lo menos posible.
- Establecer un programa de entrenamiento específico para que estés activa durante tu embarazo, ya que esto te ayudará a vivir un embarazo más saludable y llegar a tu parto en óptimas condiciones físicas. El fisioterapeuta te podrá asesorar sobre cuál es el mejor ejercicio en tu caso y te propondrá ejercicios que además serán respetuosos con tu suelo pélvico.
En definitiva, durante el embarazo tu periné necesita que lo cuides. A través de los artículos que iré subiendo en esta web, te iré ayudando a hacerlo.
Si quieres no sufrir este tipo de disfunciones en un futuro, muchas veces bastante más cercano de lo que nos imaginamos, es importante que empieces a tomar conciencia desde ya, empezando por ponerte en manos de fisioterapeutas especializados.
Sofía Sánchez
Fisioterapeuta especialista en suelo pélvico
Bebe, Hijos
Viajar en avión con un bebé: Llegar al avión
Según los pediatras, un bebé sano puede viajar en avión a partir de las 3 ó 4 semanas de vida. También afirman que el avión no les afecta negativamente en nada. Ni el cambio de presión, ni la altura, ni nada de lo que conlleva el avión les afecta. Sin embargo, hay muchos padres que le tienen un poco de respeto a volar con el bebé.
Sabiendo que, en lo que a salud se refiere, el avión no afecta a nuestro bebé, si tenemos en mente lo que tenemos que preparar y cómo tenemos que actuar en algunas de las circunstancias más complicadas que se nos pueden presentar en el vuelo, no tendríamos que tener ningún reparo a la hora de hacer un viaje en avión con nuestro pequeño.
Es importante, llevar el menor número de bultos posible como equipaje de mano, pero sí tenemos que asegurarnos de llevar con nosotras todo lo posiblemente necesario. Al preparar el equipaje de mano tenemos que tener en cuenta que al tiempo de vuelo hay que sumarle el tiempo que tomamos desde que salimos de casa hasta que llegamos al hotel o casa donde vayamos en nuestro destino. Digo esto porque es necesario pensar en lo que el bebé va a necesitar durante todas esas horas.
Tenemos que prever, por ejemplo, si el bebé va a tener que hacer alguna comida en ese tiempo, lo más cómodo es llevársela de casa. Sea leche, purés, frutas o lo que sea, es mejor no arriesgarse a comprarla después, porque puede ser que no encontremos dónde comprar. Y siempre es mejor asegurarse y llevar alguna comida de más por si el avión se retrasa y tardamos en llegar a nuestro destino más de lo que calculamos.
También es importante prever el número de pañales que puede necesitar, llevar un cambio de ropa por si hay algún accidente con el pañal o por si vomita. Llevarle bien abrigado por si el aire acondicionado del avión o del aeropuerto está muy alto, pero a su vez con abrigo cómodo de quitar por si ocurre justo lo contrario con la temperatura. Lo más sencillo es llevarles en pijamita de manga y pierna larga y una mantita para envolverles si hace frío. Pensar en los chupetes, biberones, para los que en el avión nos dan agua caliente sin problema, algún juguetito con el que se entretengan y si damos pecho, camiseta y ropa interior cómoda para poder hacerlo fácilmente.
Cuando volamos con un bebé tenemos algunas facilidades en los aeropuertos, depende con la compañía con la que volemos tenemos más o menos, pero generalmente nos harán el proceso más fácil. Tenemos que llevar al bebé en su sillita de paseo, o en su maxicosi. Cuando hacemos el check-in, además de darnos las etiquetas para las maletas que facturemos, le pondrán a la sillita su etiqueta, o sus etiquetas, dependiendo de si es de una o dos piezas y nos dejarán llevarla hasta el avión o hasta la puerta de embarque. Si no facturamos maletas y vamos directamente a la puerta de embarque, será ahí donde nos coloquen la etiqueta de la sillita.
Asi que por el aeropuerto podremos llevar al bebé sentado en su sillita, incluso ésta nos servirá para colgar algún bolso y así ir más cómodos.
Para pasar el control de seguridad con un bebé hay que armarse de paciencia. Lo primero sacar todo lo que sea líquido o comida para el bebé, ya que esto tiene que ir en una bandeja aparte y quizás te hagan probar algún potito, o puré que lleves para darle en el avión. Si llevamos algún medicamento en el bolso tenemos que asegurarnos de que llevamos la receta que indique que el bebé lo necesita, o si es un medicamento sin receta, nos tenemos que asegurar que si es líquido, el recipiente no supere los 100ml, ya que si supera esta cantidad, sin receta, no nos lo dejarán pasar.
Lo normal es que nos hagan coger al bebé en brazos y plegar la sillita para pasarla por los rayos x. Algunos nos hacen coger al bebé y pasan la sillita montada por una puertita lateral, y pocos nos dejarán pasar al bebé montado en su silla. Asi que, lo más seguro es que tengamos que dar el bebé a alguien para que nos lo sujete mientras plegamos la sillita o bien que alguien la pliegue por nosotros. Pero que en éste punto necesitaremos ayuda es seguro. Si viajamos solas con el bebé, el personal de seguridad suele tener la amabilidad de ofrecerse para sujetar el bebé, pero es más cómodo viajar acompañada. Sabiendo que en el control de seguridad nos podemos retrasar, es bueno llegar al aeropuerto con tiempo para ir con la mayor calma y paciencia posible.
Tras el control nos dirigimos a la puerta de embarque. Aquí podremos embarcar los primeros, ya que viajando con bebés y niños tenemos prioridad de embarque. Esto nos permite tener más tiempo dentro del avión para colocarnos bien y colocar todos nuestros bártulos. En la puerta nos colocarán la etiqueta de la sillita, si no lo han hecho ya en el check-in, y nos indicarán si podemos llevarla hasta la puerta del avión, lo cual es lo más habitual.
Así que seguimos cómodas con el bebé sentado en su silla. Algunas compañías low cost se situan en lugares donde no tienen ascensor para acceder al avión si éste está una planta más abajo, o en la pista, en este caso alguien nos tendrá que ayudar a bajar las escaleras con la sillita. Pero lo normal es que si hay que bajar alguna planta haya ascensor.
En la puerta del avión, o a pie de avión, si éste está en pista, tendremos que plegar la silla y dejarla ahí para que la lleven a la bodega y a partir de ahí tenemos que tener al bebé en brazos.
Lo más probable es que una vez lleguemos a destino tengamos que recoger la sillita en la misma cinta que el equipaje. Pero, por si acaso, no está demás preguntar al que nos recibe en el avión si en destino nos devuelven la sillita en la puerta según bajamos del avión. Esto es mucho más cómodo, ya que así no tenemos que andar con el bebé en brazos hasta la cinta de equipajes, pero lo normal es que lo tengamos que hacer.
Y así, pasamos con éxito todo el proceso hasta llegar al avión…
Padres, Ser Mamá
¿¿Existen las súper mamás??
La respuesta a esta pregunta es muy sencilla… si eres madre, ya de por sí eres una heroína, pero si además estás leyendo este post, ¡enhorabuena! ¡eres una súper mamá!
Bebe, Hijos
Viajar en avión con un bebé: En el avión
Hablamos en un post anterior sobre el proceso de llegar hasta el avión con un bebé, veamos ahora cómo afrontar el vuelo.
Una vez en el avión, lo primero que haremos será colocar nuestras cosas en los compartimentos de arriba o a nuestros pies. Recordemos que cuantos menos bultos tengamos mejor, ya que, lo más probable sea, que al llegar tengamos que andar con el bebé en brazos hasta la cinta de equipajes y necesitamos manos suficientes para llevar todo.
Podríamos optar también por llevar con nosotras una mochila portabebés, para a la hora de salir del avión colocar a nuestro bebé en ella y así tener las manos libres. Esta es seguramente la mejor opción si vamos a hacer el vuelo solas.
En la mayoría de las compañías se acercará un auxiliar de vuelo y nos entregará un cinturón de seguridad especial para bebés que se acopla al nuestro y quizás también un chaleco salvavidas extra. El cinturón es un poco complicado de colocar si no lo hemos hecho antes, así que no tenemos que tener reparo en pedir que nos ayude a la persona que nos lo entrega.
Ya sentadas y con el cinturón abrochado deberíamos tener lo más imprescindible a mano porque habrá un momento en el que no nos podamos levantar hasta que el avión haya tomado altura. En estos momentos puede ser que el bebé empiece a llorar y si tenemos su chupete, trapito, biberón o lo que sea que necesite, simplificaremos ese momento en lugar de tener que esperar a que se apague la señal de abrocharse el cinturón para poder levantarnos a coger lo que necesitamos. Si vemos que el bebé va a necesitar un biberón antes de despegar, es mejor, según nos sentamos pedir agua caliente para hacérselo, de este modo ya estará listo para cuando el bebé lo reclame.
Por supuesto, en estos casos de llanto al despegar lo más sencillo es darles el pecho y así se suelen calmar muy rápido.
Una vez en el aire lo ideal es que el bebé duerma. Si está en nuestras manos, tendríamos que configurar los horarios de sus siestas de ese día para que le toque dormir durante el vuelo, aunque esto no es fácil según a qué edades. Si no duerme, entonces o comerá o querrá entretenerse. Por suerte tenemos a mano su comida o sus juguetitos para que no se aburra. Aunque con todas las luces y ruidos del avión suelen ir bastante entretenidos. También hay muchos bebés a los que les encanta la gente y el hecho de tener personas al lado hace que estén muy simpáticos y jueguen con éstas.
Si necesitamos cambiarles el pañal durante el vuelo, no se nos puede ocurrir hacerlo en el asiento, ya que, aunque sería lo más cómodo para nosotras, lo consideran de una falta de higiene tremenda. Para cambiarles hay mesitas cambiador en los baños, normalmente son una tabla que está plegada contra la pared y que se desplega fácilmente para ahí poner al bebé y cambiarlo.
Con esto tenemos cubierto casi todo, si el bebé tiene hambre o sueño o si se aburre, tenemos todo lo necesario, solo nos falta pensar en el dolor de oídos.
A algunos bebés les duelen los oídos sobre todo al despegar o al aterrizar, pero no a todos. Si esto le ocurre al nuestro hay varias alternativas por las que podemos optar. Lo mejor, una vez más, es ponerle al pecho, al succionar y tragar se le destaponarán los oídos y le calmará el dolor. Si no toma pecho, darle biberón con leche o con agua para que haga un efecto similar. O si no, ponerle el chupete, si puede ser con un poquito de agua o algo que le haga succionar y tragar.
Y por último, para tener un vuelo agradable, es importante recordar que el estado de ánimo del bebé en el viaje será probablemente un reflejo de nuestro propio estado de ánimo. Es decir que si estamos relajadas y tranquilas, transmitiremos esta calma al bebé y eso ayudará a hacer un viaje tranquilo. Si el bebé llora tenemos que intentar no ponernos nerviosas y con calma descifrar el motivo del llanto para poder solucionarlo. No es tan difícil, llorará o por hambre, o por sueño, o nervios, o por algún dolor. Para solucionar el hecho de que esté nervioso por tanto estímulo, lo mejor es calmarle estando nosotras calmadas y cantarle una canción que le guste mucho al oído o mecerlo con tranquilidad y ayudarle a que se relaje. Y para solucionar el problema de los dolores, si no es por los oídos, no está demás llevar a mano un poco de paracetamol para bebés y con eso ayudarles.
Sea el vuelo corto o largo, si tenemos todo previsto, no tenemos por qué tener ningún problema. Pero eso sí, nos tenemos que cargar de paciencia ya que pueden surgir imprevistos que no teníamos contemplados. Si tenemos todo lo anterior pensado, el imprevisto no será muy grave, pero cuanto más tranquilas estemos para afrontarlo, mejor.
Y al llegar a destino, nos dirigiremos a recoger las maletas y la sillita del bebé, que en algunos aeropuertos llegan en cintas separadas. Si vemos que las maletas están saliendo, pero que las sillas de bebés no, entonces habrá que buscar la cinta de recogida de equipaje especial.
Y ya con todo, estamos listas para ir a nuestro destino final y sentirnos contentas de lo bien que hemos hecho el viaje.
El Embarazo, Embarazo, Padres, Ser Mamá
¡Sí, estás embarazada!
Hay algunas frases que pertenecen al grupo selecto de esas que tienen el poder de cambiarnos la vida en un abrir y cerrar de ojos… ésta es, sin duda, una de ellas «Sí, estás embarazada«.
Leer más
Padres, Ser Papá
Jugar con Papá
El juego con nuestros hijos, sean bebés o más mayores, es una herramienta, mágica. Nos permite pasar tiempo con ellos, divertirnos juntos y enseñarles muchísimas cosas, ya que van a estar tan felices de que estemos con ellos que van a estar muy receptivos a aprender lo que sea que les enseñemos.
Jugar es una actividad muy divertida y didáctica, pero también muy variada. No tiene nada que ver la manera en la que los niños juegan con una persona o con otra.
Juegan de manera muy diferente dependiendo de si están solos entre ellos, o con los abuelos, o con mamá, o con papá…
Cuando son bebés papá aporta generalmente un tipo de juego más físico. Coge al bebé, lo tira para arriba, le da vueltas, se lo coloca en la espalda… todas esas cosas que a las mamás nos da un poco de miedo y a veces preferimos ni mirar.
Es un error que salga nuestra sargento de dentro y le pidamos a papá que no juegue así con el bebé o que le estemos corrigiendo su manera de agarrarle o de tratarle.
Tenemos que saber que éste tipo de juegos son maravillosos para el desarrollo físico de nuestro bebé. Aprenden de equilibrio, les fortalece las cadenas musculares, desarrollan la confianza con su padre y muchísimas cosas más que son muy positivas para su crecimiento.
Es más habitual que la mamá esté más tiempo con el bebé cambiando pañales, alimentándolo, haciéndolo dormir, lo que crea un vínculo irrompible, también, por supuesto, por el hecho de haberlo llevado dentro en el embarazo.
Sin embargo, el papá debe crear su vínculo con el bebé empezando de cero, y no se puede pretender que sea igual que el que el bebé tiene con la madre. El papá tiene que crear y configurar el suyo propio. Y jugar con él es una de las mejores maneras de hacerlo, pero jugar a su manera, no a la manera de la madre.
Cuando el bebé es más mayor, entonces entran en juego otro tipo de actividades que generalmente se hacen más con papá. Con esto no quiero decir que con mamá no se puedan hacer, pero sí que es verdad que son más comunes hacerlas con papá.
Como jugar al fútbol o a otro deporte, hacer trabajos mecánicos con el coche, jugar a peleas de animales o a revolcarse por los suelos o encima de la cama…estos son juegos maravillosos y tremendamente enriquecedores.
Cuando papá juega a cosas como peinar a las muñecas, o a tomar té con el jueguito de té de colores, o a este tipo de juegos más tranquilos, también es una muy buena oportunidad para entablar conversaciones con los hijos, demostrar su parte de sensibilidad y de cuidado.
Si estás leyendo esto y eres papá, no tengas miedo a perder autoridad ni nada parecido por jugar con tus hijos. El tiempo de juego que pases con ellos lo van a agradecer toda la vida. No te sientas inseguro por si no lo haces bien o por si igual estás siendo un poco bruto… Lo más importante es que sientan que estás disfrutando con ellos.
Si eres mamá, intenta no influir mucho en el juego que papá invente con los niños. Déjale hacerlo a su manera y permíteles que se conozcan. Las madres tendemos a ser muy protectoras y cuidamos más según qué cosas, por eso no es de extrañar que se oiga nuestra voz desde atrás diciendo ¨ten cuidado!¨o ¨no, así no es¨…
Si, por lo que sea, vemos muy claro que hay algo que sí que debería evitar o alguna cosa que podría mejorar, entonces sí que debemos comentárselo, pero es mejor evitar hacerlo delante de los niños e intentar decirlo de la mejor manera posible, evitando infravalorar lo que él hace o sabe.
Permítete relajarte y confiar en que los momento que tus hijos pasan con su padre son fundamentales para su desarrollo.
Padres, Ser Padres
¿Es un buen momento para ser padres?
Esta es una pregunta que nos hacemos muchos antes de tener el primer hijo.
Sea porque nos hemos quedado embarazadas sin buscarlo o que estamos pensando en buscar un embarazo, es difícil estar seguros de si es un buen momento para ser padres.
Puede ser que estemos en un momento muy bueno de nuestras vidas.
Que como pareja estemos muy felices y disfrutando un montón haciendo planes de pareja sin horarios ni responsabilidades.
O que a nivel profesional estemos en un execelente momento de crecimiento, o estableciéndonos por fin, o que ahora empiece a dar frutos algo que hayamos creado.
En cualquiera de estos casos no es fácil decir, ¨venga, tenemos un hijo y cambiamos nuestras vidas¨ o ¨complicamos¨ nuestras vidas. Tal vez nos apetezca más disfrutar de un momento tan bueno o aprovecharlo al máximo y sacarle jugo ya que no sabemos hasta cuándo va a durar.
Pero también puede ser que estemos en un momento no tan bueno.
Puede ser que estemos sin trabajo, económicamente inestables, o con un trabajo que no nos satisface o que nos encontremos en proceso de lucha con el fin de mejorarlo.
Quizás personalmente tampoco estemos en un buen momento, no estamos seguros de querer seguir con nuestra pareja, o estamos atravesando una mala racha por cosas que han podido pasar a nivel familiar.
En estos casos tampoco estamos seguros de que sea bueno tener un hijo porque nos preocupa el futuro que le vamos a dar, el no tener dinero para suplir sus necesidades o sus caprichos, nos preocupa no estar suficientemente fuertes o estables para darle a nuestro hijo la estabilidad que necesita.
También ocurre a veces que no nos sentimos maduros como para afrontar una responsabilidad tan grande. Que sintamos que aún somos muy infantiles o que cómo vamos a organizar la vida de nuestro hijo, si no somos capaces ni de organizar la nuestra.
Sea como fuere, está claro que no es una decisión fácil de tomar.
Hay parejas que tienen la suerte de tenerlo muy claro. Parejas en las que los dos sienten que ha llegado el momento, sienten una llamada a la paternidad o esa necesidad de ir más allá y tener un hijo al que cuidar , educar y mimar. Parejas que se encuentran con la sorpresa de que van a tener un hijo e inmediatamente lo aceptan y están seguros de que si ha venido es para bien.
Sí no tenemos la suerte de tenerlo tan claro, creo que hay ciertos puntos importantes en los que nos tenemos que detener a pensar y valorar.
Lo primero, tenemos que tener claro que casi nunca es un buen momento para comenzar a ser padres. Por lo que he explicado antes, hay muchas circunstancias de nuestras vidas que nos pueden hacer dudar. Así que éste punto es mejor dejarlo un poquito de lado, porque si esperamos a que sea el momento idóneo, quizás se nos haga tarde.
Creo que tampoco deberíamos dejarnos llevar por la presión, el hecho de que nuestros amigos ya tengan hijos o que nos estemos acercando a una edad complicada tampoco tendría que influir mucho en la decisión. Está claro que si nos estamos haciendo mayores, sí que nos tenemos que decidir antes, sobre todo si tenemos claro que queremos ser madres, pero tenemos que tomar la decisión sin presionarnos demasiado.
Tampoco es bueno decidir tener un hijo para intentar arreglar un problema en la pareja, o para intentar retener a la persona que queremos. Ésto, generalmente, tarde o temprano, no termina bien. Resolvamos antes el problema en la pareja, o aceptemos que quizás esa persona no es la adecuada para compartir nuestras vidas, antes de traer un hijo al mundo y embarcarnos en un proyecto tan importante juntos.
Lo importante es ser conscientes de que tener un hijo conlleva sacrificio, pero que lo que vamos a recibir a cambio es infinitamente mayor.
El problema de la madurez se resuelve en cuanto asumimos nuestra responsabilidad como padres. El no saber cómo hacerlo se resuelve buscando todo tipo de información en libros, en consejos de familiares o amigos, siempre sabiendo que si lo hacemos con ganas y responsabilidad, lo más seguro es que lo hagamos bien.
El problema de no tener la capacidad material para darle lo que necesite se resuelve siendo conscientes de que los hijos no necesitan tantas cosas materiales sino amor, paciencia, dedicación, juegos o simplemente la presencia de sus padres acompañándoles en el camino.
Lo que más necesita un hijo, aparte de esto, es ver y sentir a sus padres felices. Ese es el mayor y más importante regalo que le podemos hacer. Con eso le estaremos abriendo las puertas a un mundo complicado, pero dándole la herramienta más potente que es la buena actitud ante la vida, ante los buenos momentos y ante los malos.
Solo nosotros podemos tomar la decisión de ser padres o no. Y creo que si la tomamos sin dejarnos llevar por los miedos, acertaremos.
El Parto, Embarazo
Epidural … ¿Sí o no?
En el último trimestre de embarazo nos toca tomar varias decisiones en las que al parto natural se refiere, una de ellas es si queremos anestesia o no.
Lo normal es que nuestro ginecólogo nos lo pregunte porque nosotras tenemos derecho a decidir y que nos explique en qué consiste y cuáles son los pros y los contra. Si no nos lo comenta, es algo que entonces nosotras tenemos que preguntar, ya que es algo muy importante a la hora de dar a luz.
La anestesia epidural es una anestesia que te aplican a través de una inyección en la espalda y que debido al lugar donde la inyectan hace que se nos duerma la parte inferior del cuerpo.
Antes, cuando te anestesiaban te aplicaban una dosis alta para dormir completamente el abdomen y las piernas y no sentías absolutamente nada a la hora de dar a luz. Esto traía varios problemas que se han ido investigando y debatiendo a lo largo de los últimos años.
Entre otras cosas se dice que tal cantidad, a parte de dormir nuestra parte inferior, también adormece al bebé, lo cual hace que le bajen las constantes vitales además de no estar lo suficientemente despierto para afrontar con eficacia el trabajo de parto que tiene que llevar a cabo él, lo cual puede derivar en partos más largos y quizás con más complicaciones.
También nos afecta a la hora de empujar. Nuestra ayuda en el proceso de expulsión es muy importante y si no sentimos las contracciones ni sentimos al bebé saliendo nos es mucho más difícil colaborar y esto también puede derivar en partos más largos y con complicaciones.
Por todo ésto hay una corriente que está totalmente en contra del uso de la anestesia epidural y que te aconseja preparar el parto lo mejor posible para no tener que utilizarla.
Pero también es verdad que hoy en día, y cada vez más, hay hospitales que se han sumado a ésta corriente que aboga por un parto más natural y no tan medicado, y sin irse al extremo de no utilizar nada, te proponen una alternativa.
La alternativa consiste en el uso de anestesia epidural, pero en una dosis controlada.
¿Qué significa esto?
Esto significa que empiezan todo el procedimineto de aplicarnos la inyección igual. Nos colocan en posición fetal sobre la camilla, y lo primero que aplican es un spray antibacterial en la espalda que, por cierto, está muy frío. Después, normalmente, nos aplican un poco de crema anestésica donde van a poner la inyección y entonces nos piden que nos quedemos muy quietas y nos inyectan la aguja casi sin darnos cuenta.
La diferencia es que colocan un catéter, es decir un tubito que sale de donde nos han puesto la inyección y lo fijan por detrás de la espalda con la ayuda de un poco de cinta, que nos llega hasta por encima del hombro. Este tubito ya no lo notamos y aunque nos movamos no se mueve porque está bien pegado a nuestra piel.
La cosa es que tener éste tubo les permite ir añadiendo anestesia a medida que la vamos necesitando. En un principio nos pondrán una dosis muy bajita para aguantar mejor las contracciones y a medida que éstas van siendo más dolorosas, ellos tiene la posibilidad de introducir más dosis de anestesia.
Esta alternativa es mi preferida. Ya que nos permite sentir todo, las contracciones, la expulsión…pero lo único que no sentimos es dolor. Y, por supuesto, no afecta al bebé, ya que la dosis no es alta y no lo adormece.
Desgraciadamente no existe ésta alternativa en todos los hospitales, pero no está demás intentar obtenerla si es lo que queremos.
En caso de que nos digan que ésto no es posible, y que si queremos anestesia nos pondrán una sola dosis, entonces yo recomiendo pedir una dosis no muy alta y aguantar un poco el dolor, ya que para mí lo más importante es la salud del bebé y no sabemos exactamente hasta qué punto puede afectarle.
Para ésto lo mejor es tener un ginecólogo de absoluta confianza y una vez aclarados los términos del parto, dejarnos en sus manos y confiar en su experiencia y conocimientos.
Está claro que dar a luz sin anestesia es muy doloroso, sobre todo en partos largos a los que se les suma el cansancio de la madre ante las contracciones y el proceso de dilatación, pero totalmente posible. Antes, las mujeres así lo hacían, ya que ni siquiera tenían la posibilidad de decidir si usar anestesia, o no.
Es una decisión muy personal, en la que creo que nadie tendría que influenciarnos, aunque sí darnos toda la información posible. Yo, personalmente prefiero los partos lo más naturales posibles, pero también tengo claro que los avances en la medicina ayudan mucho en muchas ocasiones y no está mal hacer uso de ellos siempre y cuando no afecte a la salud del bebé.
Embarazo, Los 3 Trimestres
Qué sueño !
En el primer trimestre de embarazo casi no notamos que dentro de nosotras se está empezando a formar el bebé, de hecho hay mujeres que no se dan cuenta de que están embarazadas hasta bastante más adelante. Pero sí que hay algunos síntomas que prácticamente todas tenemos, uno de ellos es el sueño.
Seamos o no activas y tengamos la edad que tengamos, durante el primer trimestre lo habitual es dormirse por las esquinas! Tenemos sueño durante todo el día y , si fuera por nosotras, pasaríamos la mayor parte del tiempo tumbadas en el sofá o en la cama echando cabezaditas.
Si te pasa no te preocupes en absoluto, y , sobre todo, no te sientas mal, y que no te hagan sentir mal, porque es completamente normal y necesario.
Nuestro cuerpo es alucinántemente sabio y sabe perfectamente que necesita acumular toda la energía posible porque resulta que la está utilizando para convertir la unión de un espermatozoide con un óvulo en un embrión que se convertirá en un bebé! Asi que te pide a gritos que duermas lo máximo posible y que descanses para que pueda trabajar más eficazmente.
Si eres madre primeriza, acceder a la necesidad del cuerpo no es tan difícil, ya que cuando no estás trabajando u ocupada, te puedes permitir tumbarte y dormir un poquito o un mucho, según lo que te puedas permitir.
Además, estos momento en los que nos permitimos tumbarnos a descansar son los primeros momento en los que nos sentimos madres…es precioso. Nos damos cuenta de que, por primera vez, estamos cuidando a nuestro bebé regalándole tranquilidad, paz y energía.
Disfruta de este descanso, ya que a partir del siguiente trimestre la cosa cambiará.
Si ya tenemos otros hijos, esto se complica, ya que los tenemos que atender y no tenemos mucho tiempo para dedicarnos a descansar y no hacer nada.
En este caso, lo mejor que podemos hacer es tomarnos las cosas con tranquilidad, hacer lo que podamos y, si se puede, echar mano del padre de las criaturas.
Quizás éste esté menos acostumbrado a hacer según qué cosas, pero en esta etapa su ayuda juega un papel fundamental.
Si no lo ha hecho hasta ahora, estaría bien que bañara a los niños, hiciera la comida o la cena, y bueno, que en cada una de vuestras situaciones personales colabore y te libere lo más que pueda para que tú puedas relajarte más y que tu cuerpo haga lo que tiene que hacer para que todo siga su curso de la mejor manera posible.
Si el padre no se puede ocupar, entonces podemos echar mano de los abuelos o de alguna persona de nuestra confianza que nos ayude y nos libere un poquito.
No pasa nada si no descansamos tanto como necesitaríamos, pero cuanto más mejor.
Y bueno, que sepas, que al rededor de la semana 13 o 14 las cosas cambian, y lo habitual es que nos sintamos eufóricas y activas…hablaremos de ésto en otro post.
Hijos, Los Hijos
Poner límites
Cuando el bebé viene al mundo llega lleno de inocencia y con casi ninguna información del exterior. A medida que van pasando los días va recibiendo todo tipo de estímulos sensoriales que le van dibujando la realidad que tiene a su alrededor.
Los sonidos, los olores, cómo le tocan, lo que poco a poco va viendo con sus ojitos, todos estos estímulos hacen que vaya reconociendo dónde está, con quién está y se vaya haciendo una idea del mundo exterior.
Cuando crece un poco más y reconoce quién es y dónde está es cuando llega la etapa de la extrema curiosidad. Todo le llama la atención, todo lo mira, lo huele, lo escucha…está ansioso por aprender y conocer todo y todos los que le rodean.
Esto está intrínseco en nuestra naturaleza, esa curiosidad innata y esas ganas de aprender son las que nos hacen crecer y convertirnos en lo que somos.
Cuando nuestro hijo deja de ser un bebé totalmente dependiente, pasa a ser un niño con cada vez más independencia, y es cuando empieza a gatear o a caminar o a moverse solo…y ahí es cuando entran en juego los límites.
Él va a continuar teniendo curiosidad por todo, y somos nosotros los que les tenemos que decir o mostrar hasta dónde, cómo, por dónde…
Es un trabajo duro porque ellos nos piden los límites constantemente. Pero claro, no lo saben. Ojalá nos preguntaran ¨mamá, ¿esto lo puedo tocar?¨o ¨mamá, ¿está bien que llore un poco si siento algo que no me gusta?¨
En realidad sí que nos lo preguntan, pero a su manera. ¿Y cuál es su manera? Pues su manera es simplemente haciéndolo, haciendo todo lo que les sale y esperar a que nosotros digamos STOP.
Esto quiere decir que deberíamos estar constantemente alerta y cuando veamos que se acerca al límite, entonces detenerle.
No es bueno decirle a todo que no, esto puede provocar que no tome en serio nuestro ¨no¨ o que al ver frustrada su curiosidad innata, se rebele con su conducta.
En lugar de no dejarle hacer o expresar nada, es preferible estar ahí para cuando llegue a la ¨raya¨, y entonces detenerle.
No es fácil saber marcarle los límites, ni es fácil saber cuáles son. Cada una de nosotras tenemos una manera particular y personal de ver la vida. Según cómo nos hayan criado, si han sido muy o poco estrictos con nosotras o según las experiencias que hayamos tenido que nos hayan hecho más o menos miedosas… o por lo que sea que haya ido formando nuestra personalidad, cada una tenemos marcados los límites en un sitio u otro. Después de mirarnos y valorarnos, si estamos seguras de hasta dónde queremos que llegue nuestro hijo en las cosas que hace, entonces se lo marcaremos con firmeza y seguridad y sin influirnos lo que nos digan los demás.
Por ejemplo, nuestro hijo empieza a abrir los cajones de la cocina. Hay madres que inmediatamente diremos ¨eso no se hace¨, otras que esperaremos a detenerlo cuando abra en los que están las cosas peligrosas, otras que no le diremos nada y si saca un vaso de cristal y lo tira al suelo entonces nos enfadaremos… Ninguna de estas opciones es la correcta o la errónea. Una reacción es más estricta, otra le da más libertad para explorar… lo que sí es correcto es que hagamos lo que hagamos, lo hagamos con la firme convicción de que lo estamos haciendo bien y de que es eso lo que queremos enseñarle a nuestro hijo. Así él no verá brechas en nuestras palabras o en nuestro tono y tendrá claro el límite que le hemos marcado.
Y quizás lo vuelva a repetir en varias ocasiones para comprobar nuestra reacción o para ver si la variamos, pero al estar firmemente convencidas del límite que le hemos puesto volveremos a repetir reacción hasta que le haya quedado claro y ya no le interese investigar más.
El tema de ponerles límites es bastante amplio y hablaremos de ello más detenidamente, pero saquemos de este post dos conclusiones. Una, que casi nada es del todo correcto o del todo incorrecto, hay tantas opciones como madres, así que vale con estar seguras de lo que estamos haciendo. Y la otra es, que al estar convencidas de hacerlo según nuestra manera de ser y de pensar, entonces tendremos la firmeza necesaria para favorecer que nuestros hijos nos obedezcan y aprendan a ir por el camino correcto en cada cosa que exploren.
No es nada fácil estar segura de estar haciéndolo bien y siempre nos entran dudas, sobre todo cuando vemos que no conseguimos los resultados que buscamos. Hablaremos de ésto también.
